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Escuela Secundaria: El 20% de las materias producen el 80% de los aplazos. Parte V. Desarrollador de Egresados
Por Cristián Parodi*
Este post es continuación de :
5. “Desarrollador de Egresados”
En la parte 2 del proyecto – construyendo las redes de apoyo de la escuela – vimos la necesidad de contar con un nuevo rol que tenga a su cargo la coordinación de los diferentes grupos de apoyos, docentes y directivos para que la meta colectiva que nos propusimos pueda ser alcanzada: que más estudiantes aprendan y aprueben las materias difíciles, trimestre a trimestre.
En esta quinta y última parte del proyecto voy a describir las características de este novedoso y muy necesario rol, y las habilidades que se requieren para ocuparlo.
Como se mencionó en la primera parte, quien se desempeñe en esta estratégica función como “Desarrollador de Egresados” podrá provenir del sistema educativo, de las familias o de la comunidad. Su función será la de coordinar todas las partes del plan aquí presentado para que la escuela cumpla con su objetivo colectivo más importante: lograr que haya más egresados.
En la primera parte describimos la necesidad de contar con un sistema de gestión de calificaciones que nos ayude a identificar rápidamente el 20% de las materias que producen el 80% de los aplazos para poder direccionar a tiempo tutorías y acompañamientos a los alumnos que lo necesiten.
En la segunda y tercer parte explicamos que esas tutorías y acompañamientos podrían surgir de ex alumnos, ex docentes y familias que estén comprometidas en apoyar a esos estudiantes a través de un potente grupo de ayuda – y en colaboración con los docentes – para que cada uno de los estudiantes que tenga problemas con las materias difíciles (las que producen el 80% de los aplazos) puedan aprobarlas, trimestre a trimestre.
En la cuarta parte analizamos fuentes de financiamiento posibles para poder llevar adelante esta iniciativa y las diferentes alternativas para obtener los fondos desde el sistema educativo, la cooperadora y desde plataformas de financiamiento colectivo.
Todos estos componentes deberán ser coordinados por el Desarrollador de Egresados. Su misión será que todas estas partes se junten y trabajen sin fricciones y por el mismo objetivo. Tendrá que anticiparse a cada problema y resolverlo antes que suceda. Deberá ser un gran comunicador/a para crear y afianzar un profundo sentido de pertenencia con la meta colectiva. Tendrá que llevar actualizado el mapa de trayectorias de cada alumno, el GPS que servirá para direccionar a tiempo los apoyos que se necesiten. Tendrá que propiciar el trabajo colaborativo entre tutores y docentes para que cada parte comprenda cuáles apoyos necesita cada alumno para atravesar – y aprobar – las materias. Deberá tener un preciso sentido del tiempo dado que la meta colectiva debe cumplirse en cada trimestre para que, al finalizar el año, logremos que más estudiantes aprueben el ciclo. Deberá conseguir los fondos que se necesiten para sostener el proyecto y los recursos que el grupo de apoyo considere indispensables para su trabajo: equipamiento, espacios donde dar las clases de apoyo, contacto con otras escuelas que estén llevando adelante iniciativas similares, conectividad a Internet, etc. Tendrá que documentar y registrar los avances y desafíos que vaya atravesando el proyecto para evaluar con el resto del equipo qué cosas están funcionando y cuales habrá que modificar. Toda esa información también servirá para el siguiente año ya que este proyecto empieza pero nunca termina: ciclo tras ciclo buscaremos el mismo objetivo, trabajaremos colaborativamente a partir de las mismas metas para que haya más estudiantes que aprueben las materias, trimestre a trimestre. Cada año deberemos lograr una mejora respecto del anterior. Así, por ejemplo, si logramos en un año aumentar en un 10% los chicos y chicas que aprobaron las materias difíciles, entonces que la meta para el siguiente sea un 20%.
El “Desarrollador de Egresados” tendrá que se un buen gestor de proyectos, comunicador, facilitador. Deberá contar con los conocimientos básicos que se requieren para administrar fondos. Tendrá que ocupar un lugar de horizontalidad desde donde articulará todos los esfuerzos que se necesiten para el éxito de esta iniciativa. Deberá convocar a ex alumnos, ex docentes y familias para que conformen los grupos de apoyo. Dialogará con la comunidad de la geografía de la escuela para sumar otros tipos de apoyos que se necesiten: pasantías de experiencias laborales para estudiantes, actividades para hacer en familia, presencia en ferias científicas, emprendedurismo, otras que surjan a partir de la puesta en marcha del proyecto.
Tendrá que dedicarle tiempo completo a la tarea, sostener los esfuerzos y colaborar para que se cumplan las metas más necesarias para hacer algo por la educación en estos tiempos de crisis.
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Notas finales
La escuela debería ser un lugar en donde un grupo de adultos comprometidos se reúnen diariamente a concretar una única misión: ayudar a los adolescentes a desplegar sus potencialidades, ayudarlos a encontrarse con un futuro de posibilidades, darles las bases para que puedan continuar con su vida post-secundaria a través de un trabajo de calidad y/o comenzando su vida universitaria.
El Estado está demasiado inmovilizado para poder articular ágilmente cambios de mejoras; su esquema burocrático y organizativo no se lo permite. En mi opinión llegó el momento que nosotros, la comunidad, comencemos a desplegar nuestras inteligencias, recursos y apoyos para orientar nuestros esfuerzos en una única dirección: darle apoyo y sustento a las nuevas generaciones. 500.000 adolescentes que se van de la escuela cada año habla más de nosotros los adultos que de ellos. No hay futuro en una sociedad que está imposibilitada de dar un camino de desarrollo para sus jóvenes. Finalmente, provocar el cambio, depende de nosotros. No lo desaprovechemos.
*Impulsor de “Hagamos algo por la educación”
Escuela Secundaria: El 20% de las materias producen el 80% de los aplazos. Parte IV. Recaudación de fondos
Por Cristián Parodi*
Este post es continuación de :
4. Recaudación de fondos.
Una vez que hayamos logrado la configuración de los tutores y guías que trabajarán coordinadamente con la escuela, especialmente con los docentes, para ayudar a los estudiantes que necesiten apoyos para aprender y aprobar las materias más difíciles, podría surgir la necesidad de gestionar los fondos necesarios para poner en marcha el plan.
Sería ideal que esos fondos, de necesitarse, sean provistos por el sistema educativo. Sin embargo la experiencia nos dice lo contrario, que generalmente no hay presupuestos para asignar a las escuelas. Se nos presentan entonces dos opciones: la primera es exigir y presionar para que esos fondos lleguen desde el sistema, y la segunda es que nos encarguemos de conseguirlos por nuestra cuenta. Pueden ponerse en marcha ambas opciones – exigir y gestionar. En mi opinión es importante que avancemos coordinadamente para concretar este desafío – conseguir los fondos – independientemente de lo que el sistema pueda o no pueda aportar. Hacer algo por la educación también tiene que ver con activar nuestras inteligencias y trabajo colectivo para concretar una meta común, como la que se propone en este proyecto.
Hay dos fuentes de financiamiento que podemos utilizar. La primera es a través de la propias familias, a quiénes se los convoca para que se sumen al proyecto más importante de la escuela de los últimos 50 años: que todos sus estudiantes aprendan y aprueben las materias más difíciles, con la ayuda de docentes, grupo de tutores y guías específicamente coordinados para esa misión. La recaudación de fondos más común de una escuela funciona a través de su cooperadora que, como se explicó en el punto 2, es necesario reforzarla, mejorar su gestión y la comunicación de sus actos entre toda la comunidad de la escuela: transparencia en el uso de los fondos, rendición de gastos y concreción de los objetivos que se buscan alcanzar.
En mis observaciones y experiencia trabajando como voluntario en la cooperadora de la escuela a la que asiste mi hija, y también de formar parte de la agrupación de cooperadores de 42 escuelas públicas establecidas en una de las comuna de la Ciudad de Buenos Aires (las cooperadoras allí se agrupan orgánicamente por comunas), el aporte de las familias para complementar los recursos que necesitan los colegios para poder funcionar representa, en promedio, el 80% del total (excluyendo salarios). En otras palabras, el sistema educativo les gira a las escuelas el 20% de los fondos que necesitan para la compra de insumos (papel higiénico, lavandina, tizas, etc.), pagar trámites administrativos del equipo de dirección, reparar equipos, sillas, aulas, etc. Dicho en otras palabras, sin el aporte voluntario de las familias las escuelas no podrán abrir sus puertas.
Mal o bien, injusto o innecesario, lo cierto es que ese aporte está vigente, está más o menos coordinando y le permite a los padres tener un punto de encuentro formal con la escuela. Nos interesa que ese aporte se fortalezca para que la mayor cantidad de familias contribuya con fondos que tendrá un destino muy concreto: conseguir guías y tutores para que todos los estudiantes aprendan y aprueben las materias difíciles, trimestre a trimestre.
Puede ser posible que parte de esos apoyos y acompañamientos pueden ser también voluntarios. Lo importante en todos los casos es que se manifieste el compromiso de sostener ese rol por el plazo de un año. Cada guía, cada tutor, cada docente trabajarán colaborativamente durante un año para que muchos más estudiantes aprendan y aprueben las materias complicadas (y así tengan más chances de pasar de año).
La segunda fuente de recaudación puede provenir de plataformas de financiamiento colectivo (algunas se conocen como “Crowdfunding” por su nombre en inglés). Se trata de páginas Web cuya misión es conectar a hacedores y emprendedores con personas que están dispuestas a contribuir con pequeños montos de dinero , voluntariamente, para que los proyectos que impulsan puedan hacerse realidad. Sin dudas que el grupo de tutores, guías y docentes son grupos de emprendedores sociales, de hacedores de anhelos, que tienen la misión social más necesaria y urgente de nuestro país: ayudar a generar más egresados de la escuela secundaria, desplegar el potencial de miles de adolescentes para que puedan acceder a un futuro de oportunidades. Por mis observaciones analizando cómo actúa la comunidad que financia este tipo de proyectos, podría decir que iniciativas para educación con propuestas como las que aquí se presentan encontrarán respaldos y apoyos económicos para ponerlas en marcha.
En nuestro país las plataformas más utilizadas de financiamiento colectivo son idea.me y Panal de Ideas. Más información sobre estas plataformas se puede consultar en el siguiente link:
http://www.infobae.com/2014/10/11/1600747-crowdfunding-la-modalidad-20-financiar-emprendimientos/
Continuar leyendo:
Parte V (final). Escuelas Secundarias. El 20% de las materias producen el 80% de los aplazos. Parte V. Desarrollador de Egresados
*Impulsor de «Hagamos algo por la educación»
Escuela Secundaria: El 20% de las materias producen el 80% de los aplazos. Parte III. Tutorías, acompañamiento y formación complementaria
Por Cristián Parodi*
(este post es continuación de la Parte II: Escuelas Secundarias. El 20% de las materias producen el 80% de los aplazos. Parte II. Redes de apoyo de la escuela)
3. Tutorías, acompañamientos y formación complementaria.
En este punto del proyecto hemos definido los grupos de apoyo de la escuela para sumarlos al objetivo colectivo más importante que toda institución educativa puede encarar: que todos sus alumnos aprendan y aprueben las materias. Un grupo de adultos coordinados, motivados y concentrados en enseñar, acompañar y guiar a los estudiantes para que puedan aprender y aprobar las materias más difíciles, trimestre a trimestre, trabajando colaborativamente con los docentes y directivos.
La nueva figura del “Desarrollador de Egresados”, una persona cuyo principal objetivo es que esos grupos trabajen coordinadamente con la escuela para cumplir con el meta principal, resultará clave. Tendrá a su cargo también la convocatoria a formar parte del grupo de tutores y guías, configurar los mejores equipos, diagramar los encuentros con los docentes y directivos, coordinar las agendas y los lugares para el dictado de las clases de apoyo, recabar la opinión y el diagnóstico de los docentes respecto de los grupos que necesiten acompañamiento, asistirlos durante el proceso de registros de notas escolares y vivenciales para mantener actualizado el sistema de gestión de calificación desde donde surgirá el “mapa” de las trayectorias de cada estudiante para saber a tiempo quiénes necesitarán de nuestra ayuda.
Antes de proponer ideas y explicar a qué me refiero con tutorías, acompañamientos y formación complementaria me gustaría remarcar el originen del proyecto, es decir para quiénes fue pensado. Esta iniciativa es para los adolescentes, específicamente para aquellos que van dejando la escuela tras acumular fracasos escolares. Es para darles otra chance de futuro a esa abrumadora masa de chicos y chicas que abandonan sus estudios secundarios cada año, cifra que se ubica en 500.000, lo que equivaldría a decir – para ponerla en perspectiva – que todos los estudiantes de las escuelas técnicas del país abandonaran simultáneamente la escuela, cada año.
En la escuela media se ha instalado la idea “a los adolescentes de hoy no les interesa nada y por eso les va mal en la escuela”; o “son vagos, tienen que sentar el c… en la silla y ponerse a estudiar”. Esas generalizaciones me parecen injustas. Me gustaría que la reemplacemos por esta otra: “Cada adolescente tiene un potencial que nosotros, los adultos, tenemos que ayudar a desplegar”. Dependido desde qué idea nos situemos, nuestra impronta para contribuir con el éxito de este proyecto será muy diferente. Les propongo que nos situemos en la segunda.
Desde esa afirmación, con la convicción que ese es nuestro rol como adultos que busca acompañar a las nuevas generaciones a concretar un futuro, se liberará la fuerza creativa para que directivos, docentes y los grupos de apoyo puedan co.crear diversos tipos de estrategias para concretar la meta que buscamos alcanzar.
¿Cómo? ¿De qué forma? Todas las estrategias saldrán de ese trabajo creativo-colaborativo con el foco puesto en los estudiantes. Esos encuentros nos darán la oportunidad de repensar lo que no funciona en el aula, de usar lo que sí funcione, de conocer experiencias de otros profesores. El blog Justifica tu Respuesta elaboró una lista con 25 desafíos que podemos tomarlos como guía para configurar la forma en que abordaremos nuestros apoyos:
1. Valora el proceso sobre el resultado
2. Enseña lo que el alumno no puede aprender por sí solo
3. Aprovecha lo que el alumno aprende fuera del aula
4. El docente también puede aprender del alumno
5. Lo que se enseña del aula debe salir fuera del aula
6. Haz que el alumno aprenda por sí mismo y de sus compañeros
7. Cambia el “yo hablo, tu callas” por el “y vos, ¿qué opinas?
8. Premia positivamente el error
9. Enseña aquello que resulte útil al alumno
10. Aumenta la reflexión y rebaja la carga memorística
11. Asume que el aprendizaje es deslocalizado (fuera del aula, fuera de la escuela)
12. El saber no cabe en un libro de textos
13. Haz que el alumno participe del curriculum
14. Transforma los conceptos en destrezas y habilidades
15. El aprendizaje empieza al finalizar la clase
16. Enseña al alumno a resolver problemas
17. Haz de las nuevas tecnologías un medio, no un fin
18. Enseña al alumno a aprender cuando no esté aprendiendo
19. Transforma la rigidez en flexibilidad
20. Transforma la sanción por la negociación
21. El aprendizaje académico pasa por un aprendizaje social
22. Cambia los temas por las situaciones
23. Conecta aprendizajes por experiencias
24. Asume que se puede aprender jugando
25. Concilia lo que enseñas con lo que la sociedad demanda
Si logramos coordinar los grupos de apoyo, si somos exitosos al crear una cooperación y colaboración entre ellos para que todos los estudiantes puedan aprender y aprobar las materias difíciles, si ademas mantenemos la dedicación y presencia de esos apoyos trimestre a trimestre, es muy probable que alcancemos la meta colectiva que propone esta iniciativa: que más adolescentes pasen – aprendiendo – de año.
¿Cuantos adultos necesitaremos convocar?. Sobre un grupo de 100 personas interesadas en sumarse, encontremos 20 que posiblemente provoquen el 80% de las mejoras que buscamos alcanzar. Depende de nosotros que eso suceda.
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*Impulsor de “Hagamos algo por la Educación”
© Imagen: vista en Google
Escuela Secundaria: El 20% de las materias producen el 80% de los aplazos. Parte II. Redes de apoyo de la escuela
Por Cristián Parodi*
(El siguiente post es la continuación de la primera parte : «Escuela Secundaria: El 20% de las materias producen el 80% de los aplazos. Parte I«)
2. Redes de apoyo de la escuela
Cada escuela cuenta con redes de apoyo: la comunidad, las familias, la cooperadora escolar. En algunos casos tienen presencia ONGs o asociaciones civiles. De acuerdo a mis observaciones, la principal red de apoyo de una escuela reside en las familias. Su trabajo y colaboración se hace visible a través de la cooperadora. Esa colaboración es voluntaria, mas o menos coordinada, eventual o sistemática y – sobre todo – a pulmón.
Este proyecto requiere pasar a otra instancia de apoyos, más reforzados y coordinados, que estén fuertemente identificados con el proyecto colectivo que se busca alcanzar: que más adolescentes aprueben los trimestres aprendiendo. Si eso sucede, más estudiante lograrán pasar de año y la opción de abandonar la escuela les será cada vez más lejana.
En el punto anterior – Sistema de gestión de calificaciones – vimos la necesidad de poder identificar a tiempo a aquellos estudiantes que necesiten ayuda para poder aprobar las materias que producen el 80% de los aplazos. Una vez que los hayamos identificado tenemos que poder dirigir esa ayuda rápidamente, durante y antes que finalice el trimestre, el lapso de tiempo que disponemos para que todo funcione de acuerdo al plan y sus objetivos.
Propongo que esa ayuda surja de un grupo de tutores, guías o mentores que tomen el desafío y la responsabilidad de ayudar a esos estudiantes a aprobar esas materias. Deberán activar un trabajo colaborativo, cercano y cooperativo con los docentes para que esa acción de complementación sea efectiva. Es clave conocer la mirada de los profesores y estar en coordinación con ellos para que ese grupo cumpla con su misión.
Cada uno de los tutores deberá estar atento a los datos que vayan surgiendo de las trayectorias de los estudiantes, que se irán generando a partir de los registros formales y vivenciales como se explicó en el punto 1. Cuando comiencen a aparecer allí estudiantes con necesidades de apoyo, rápidamente deberán comenzar con clases de refuerzo, guía y acompañamientos para que los alumnos aprueben. Como mencionamos, también deberán estar en coordinación con los docentes para conocer sus recomendaciones y sugerencias respecto del tipo de apoyo que cada estudiante necesite. A través de ese interés y cuidado grupal de adultos coordinados en concretar una misma meta, iremos obteniendo el logro colectivo que nos interesa: que más adolescentes aprendan y aprueben.
Tenemos que analizar quiénes pueden ser candidatos para conformar el grupo de tutores, sabiendo que buscamos personas que asuman la responsabilidad de la tarea y estén de acuerdo en trabajar en equipo y colaborativamente con otros.
En mi opinión, tenemos al menos tres grupos para invitar al proyecto y que se sumarán con entusiasmo: ex-alumnos, ex-docentes y familias.
Los egresados tienen un gran sentido de pertenencia con la escuela que los acompañó durante su adolescencia. Los grupos en Facebook son una prueba de ello: jóvenes y adultos que vuelven a encontrarse a partir de haber sido estudiantes de una escuela secundaria, egresando en un determinado año que marcó un hito en sus vidas. ¿En qué ocasiones la escuela los convoca? Diría que casi nunca. Este proyecto sería una excelente excusa para llamarlos, para incluirlos en el proyecto, de sumarlos al desafío colectivo más importante que la escuela haya encarado: que todos sus estudiantes aprueben las materias.
Respecto de los ex-docentes que dedicaron su tiempo y energía cuando estuvieron en la escuela, los que se jubilan, dejan o se retiran por otras causas pero que siguen con las ganas y la vitalidad para aportar a la institución en la que trabajaron. ¿Por qué no convocarlos también como grupo de apoyo?
Sobre las familias: pensemos que dentro de un grupo de 400/500 alumnos (que puede ser la matrícula promedio de una escuela media) contamos con, al menos, 800 padres con profesiones, conocimientos, experiencias, saberes y talentos diferentes que pueden sumarse como tutores. No necesariamente todos deberán dominar la materia sobre la cual darán los apoyos. Podrán actuar también como guías para estudiantes que sólo necesiten ese rol para re-conectarse con el estudio y aprobar las materias complicadas.
Dentro de la comunidad de padres encontraremos contadores, docentes, ingenieros, emprendedores, artistas, empleados, comerciantes, médicos, amas de casa, electricistas, empresarios, jubilados, encargados de edificio, abogados, programadores, deportistas, diseñadores, músicos, plomeros, economistas, psicólogos, periodistas, escritores, taxistas, mecánicos, etc, etc, etc.
¿Por qué no aprovechar esa multiplicidad de saberes y experiencias para complementar los esfuerzos que se hacen en la escuela?. De paso, ¿por qué no sumamos esas inteligencias para revitalizar la enseñanza en el aula?
Todas estos apoyos y tutorías cumplirán con la meta buscada si disponemos del tiempo y la atención para coordinar esos esfuerzos en la dirección correcta. En la introducción del proyecto mencionamos la necesidad de incorporar un nuevo rol escolar al que llamamos “Desarrollador de Egresados”. Una de sus funciones, tal vez la más importante, será la de coordinar esos grupos de apoyo para que puedan cumplir con su misión. Mantendrá un diálogo fluido entre las partes (tutores, docentes y directivos), supervisará que el sistema de gestión de calificaciones funcione, que los registros formales y vivenciales de los alumnos se registren a medida que sucedan, que las clases de apoyo se lleven a cabo a tiempo y que todo el conjunto cumpla con la principal meta: más aprobados al finalizar el trimestre. Otra de sus funciones será la recabar los fondos que se necesiten para el proyecto, tema que se tratará en la Parte IV.
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*Impulsor de «Hagamos algo por la Educación»
Modelos colaborativos para reducir la deserción escolar
Por Cristian Parodi
La baja tasa de egresados de las escuelas secundarias es uno de los problemas sociales más graves del país; es la otra cara del abandono escolar. De acuerdo a datos oficiales alcanza a 500.000 jóvenes cada año. Algunas comparaciones que nos pueden ayudar a entender la magnitud de esta crisis: 200.000 alumnos es la matrícula total de chicos y chicas que asisten a las escuelas secundarias, públicas y privadas de la Ciudad de Buenos Aires. La cantidad de adolescentes que dejan sus estudios cada año equivale a más del doble de todos los jóvenes que asisten a las escuelas medias de la Capital. ¿Se imaginan una ciudad sin estudiantes? ¿Cuál podría ser el impacto y la reacción de la ciudadanía al ver las escuelas vacías de alumnos?. Esas y otras preguntas buscamos responderlas en nuestro anterior post «URGENTE: Todos los alumnos de las escuelas de la Ciudad abandonaron sus estudios»
Medio millón de abandonos escolares se transforman rápidamente en 1.5 millones en tres años; o en 2.5 millones en cinco, sin contar los que ya sucedieron. Resulta difícil pensar que el sistema educativo podrá cambiar esta compleja realidad por si solo. Se necesitará mucho tiempo para poder alterar esa pesada inercia, comparable con suponer que un asteroide se podrá frenar por el impacto de un cohete enviado desde la Tierra.
Semejante arrastre requiere de una gran colaboración de todas las partes que componen el sistema de enseñanza, representado generalmente por políticos, autoridades y docentes. Pero, ¿hay lugar para que también opinen los adolescentes, principales protagonistas? ¿Y sus familias? ¿Cómo aprovechar la inteligencia colaborativa de la comunidad para resolver este problema?
Regresemos por un momento al sistema de enseñanza media de la Ciudad de Buenos Aires. Comentamos que forma anualmente a 200.000 alumnos que asisten a 500 escuelas secundarias (públicas y privadas, datos aproximados, año 2013). Durante un año lectivo suceden muchas cosas en la escuela, especialmente en la vida escolar de sus alumnos mientras atraviesan pruebas, exámenes y trabajos prácticos que los motivan a seguir o a abandonar. Si de doce materias que pueden tener cuando empiezan el primer año obtienen malas notas en la mayoría, estarán más cerca de dejar la escuela que de continuar. Para otro post podríamos analizar qué pasa con el rol del adulto responsable de su enseñanza – el docente – y que tan permeable es su forma de enseñar para que se acerque a sus alumnos a partir de construir empatía basada en los intereses de los jóvenes. En otras palabras, que logre ponerse en el lugar de ellos para adaptar sus estrategias de enseñanza, relacionándolos con el conocimiento que busca instalar. Hacer algo distinto pero efectivo y, especialmente, motivador.
El rol de los padres para mejorar la educación que reciben sus hijos
Los 200.000 estudiantes de la Ciudad generan alrededor de 100 millones de instancias de evaluación por año (pruebas, TP, exámenes orales, recuperatorios, etc.). Podríamos decir que cada instancia, además de representar una nota, es un indicador de calidad de la enseñanza recibida. Esta frase puede sonar polémica porque da para preguntar si alguien que recibió, por ejemplo, un 3 en Historia fue consecuencia de una mala enseñanza o simplemente porque ese estudiante en particular no estudió. Lo que sí vale – lo que nos interesa en el fondo de esta idea – es conocer la tendencia y las particularidades de esos 100 millones de datos para intervenir rápidamente con soluciones para evitar los abandonos.
Retomando el ejemplo del “3 en Historia”, algunas preguntas que podrían surgir al disponer de ese gran archivo de datos: ¿hay alguna tendencia de aplazos en esa materia? ¿Se da en un único barrio, en una misma comuna? ¿Sucede en un mismo año o se repite en otros? ¿Se circunscriben en un Distrito Escolar? ¿Suceden en turno tarde o turno mañana? ¿Pasa más en escuelas públicas o en privadas? ¿Se da en algún mes en particular? ¿Todas las escuelas tienen la misma cantidad de instancias de evaluación? ¿Cuáles son los promedios?
Todas esas preguntas tendrían una respuesta inmediata y nos darían la posibilidad de intervenir a tiempo sobre los problemas que afronta el sistema educativo. Por otra parte esa información estaría abierta a toda la comunidad, gobiernos, ONGs, instituciones públicas y privadas, universidades, centros de investigación. Cada uno podría analizar e interpretar fácilmente los datos con diferentes fines.
Las familias reciben del Estado la educación formal de sus hijos; otras dan su confianza a la enseñanza privada. De una u otra forma pagan para que eso suceda, ya sea a través de sus impuestos y/o la cuota mensual del colegio. Son las primeras en manifestar su preocupación por la calidad de enseñanza que reciben sus hijos y muestran interés en colaborar en mejorar lo que está pasando en la escuela. Ningún padre o madre quiere que su hijo o hija abandone sus estudios secundarios.
Si hay algo que la tecnología nos demostró es el éxito que se consigue cuando la colaboración entre pares es canalizada hacia la concreción de objetivos comunes. Wikipedia, Innocentive y OpenIDEO son conocidos ejemplos que funcionan en base a la inteligencia de la comunidad. ¿Por qué no replicar esos modelos para mejorar la educación, empezando por reducir al mínimo posible el abandono de los jóvenes en la escuela secundaria?
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