Docentes que provocan cambios: Graciana Goicoechandia

Por Cristián Parodi

(nota publicada por primera vez el 24-4-15)

El pueblo de Las Flores se encuentra ubicado en la provincia de Buenos Aires a 180 Km de Capital Federal. Sus 21.500 habitantes conviven dentro de una economía desarrollada principalmente por la ganadería y la agricultura. La educación de su comunidad se articula a través de escuelas preescolares, primarias y secundarias y los jóvenes, para continuar con sus estudios, deben trasladarse a sedes universitarias en Capital Federal, Tandil o La Plata.

Graciana Goicoechandia, nacida en Las Flores y docente de sus escuelas, llevó a cabo en 2014 un original proyecto educativo que fue seleccionado junto a otro de Capital Federal para representar a la Argentina en el Foro Global de Docentes Innovadores, una iniciativa de Microsoft para la educación que se llevará a cabo en Redmond – EE.UU – del 28 de abril al 1 de mayo próximo. Un foro en donde se premia al proyecto educativo más innovador y en el que participan docentes de todo el mundo. Desde “Hagamos algo por la educación” nos interesó conocer la experiencia de su autora, documentarla y difundirla con la intención de motivar a más docentes a probar otras estrategias pedagógicas que enseñen en el aula a partir de los intereses de los alumnos.

Es importante destacar que llegar a la ronda final del Foro significó para Graciana atravesar exitosamente la etapa de evaluación, compitiendo con otras 250 iniciativas de Argentina y de Latinoamérica que respondieron a la convocatoria. Sin embargo el recorrido de su proyecto comenzó antes en certámenes locales y regionales del país obteniendo importantes premios.

Su proyecto “La vuela al mundo, ¿en cuántos grados?” – el que defenderá en pocos días más en Estados Unidos – tuvo como destinatarios a sus alumnos de 6to año de la escuela Dante Alighieri como actividad para la materia “Ambiente, Desarrollo y Sociedad” de la cual Graciana es su titular. Toma como eje temático “La teoría de los seis grados de separación” que afirma que cualquier persona puede llegar a otra que no conoce gracias a la colaboración de seis personas – o seis pasos – que van oficiando de enlaces para que el primero y el último logren la conexión buscada. Es una teoría de 1930 del escritor húngaro Frigyes Karinthy. Me animo a decir que cualquier persona que de clases en escuelas – o universidades – acordará conmigo que encarar este tema para explicárselo a adolescentes del secundario puede resultar en un tsunami de bostezos imposibles de contener, excepto que se utilice una estrategia original que provoque en ellos el interés por saber de qué se trata.

Eso fue lo que Graciana pudo descifrar y transformar en un proyecto colectivo para hacer junto con sus alumnos.

Postales y Facebook 

Su propuesta fue sencilla y surgió de una serie de preguntas para motivar al grupo: ¿se podría demostrar que con la aparición de las nuevas tecnologías y redes sociales la teoría de los 6 pasos se reduce a 3 o menos instancias? ¿Cómo podemos aprovechar esta globalización digital para conectarnos con cualquier persona del mundo y que pueda confirmar su ubicación geográfica con una prueba fehaciente? ¿Cuál sería esa prueba?

Dicho por Graciana: “Se partió de la intención de demostrar la hipótesis: con la utilización de las nuevas tecnologías, en la actualidad, una persona puede establecer contacto con otra ubicada en cualquier país del mundo en 3 grados o menos. Resultó una herramienta eficaz el uso de las redes sociales, que permiten observar la viralización de la que es capaz Internet. Como forma de comprobación de dicha hipótesis se decidió establecer contactos con distintas personas de todos los países del mundo y solicitarles a cambio una postal como prueba de la relación establecida”

La palabra “postal” fue resaltada por el autor de esta nota ya que representa una bella y sutil idea de Graciana para introducir en el proyecto otras temáticas para debatir y reflexionar con el grupo, cómo más adelante se explica.

El interés surgió. Se planificaron metas y objetivos pero antes fue necesario describir qué es una postal a los nativos digitales inmersos en el mundo multimedia de la inmediatez.

El envío de postales era una costumbre muy arraigada en la sociedad hasta mediados del siglo pasado. Se podría decir que era una actividad similar a la de enviar emails. Buscando un poco por Internet, en Inglaterra por ejemplo, entre 1905 y 1915, se enviaba un promedio de 2 millones de postales…por día!. Las postales tenían además un sistema de entrega preferencial sobre las correspondencia tradicional, es decir llegaban más rápido que las cartas.

En conexión con el proyecto de Graciana, detrás de una postal se esconde la historia de un lugar, su cultura, anhelos de una comunidad, celebraciones, paisajes y sentido de pertenencia. Y aquí surge para mí el otro objetivo del proyecto: la oportunidad de educar en valores disponiendo de todo el interés y la atención que la iniciativa despertó entre sus alumnos. ¿Qué nos dice una postal de Tanzania? – como la que recibieron en un momento. ¿Cómo es su sociedad? ¿Qué se destaca de su economía? ¿Dónde queda Tanzania, cuáles son sus límites y fronteras? ¿En qué idioma hablan sus habitantes? ¿Cómo son los jóvenes, qué música escuchan? ¿Cuáles son los problemas que enfrenta? ¿Cómo es su forma de gobierno? ¿Son apasionados por el futbol o practican otros deportes?.

Sus alumnos se sumergieron con entusiasmo y comenzaron a probar si era posible confirmar la hipótesis que se plantearon al comienzo. Nos explica Graciana: “Se organizó el trabajo en equipo y distribuyeron tareas: editar un texto sencillo fácil de traducir, explicando la propuesta y solicitando la postal; tabular y ordenar las postales recibidas; crear gráficos estadísticos para reflejar avances; distribuir continentes para evitar repetir países; establecer tiempos y objetivos. En el aula se daba un abstract por parte de las alumnas más comprometidas en el proyecto y el resto estudiaba las formas de poder seguir avanzando. Aquí estaban permitidas las críticas constructivas. La evaluación del proyecto se basó en las propias conclusiones a las que había arribado cada alumno y la experiencia en general que se había llevado de este trabajo colectivo. “

Nos explica luego que “en 9 meses de trabajo se pudo establecer contacto con 74 de 194 países (38%) que significa más de un tercio de todo el planeta en menos de 3 grados, logrando confirmar la hipótesis. En menos de un siglo la Teoría no se sostuvo, los grados se achicaron, las nuevas tecnologías hicieron su gran aporte.”

Esta experiencia también fue rica en términos de relacionamiento entre la docente y sus alumnos. La pregunta que surgió entonces fue qué cambios notó en el aula a partir de la puesta en marcha del proyecto: “Era maravilloso observar como las alumnas ubicaban perfectamente países, continentes, razas y religiones y que podían hablar de política, malaria, economía, libertad de expresión y globalización con total seguridad y conocimiento. Lograban comunicarse con otras personas, explicar sus expectativas e incluirlas en el proyecto. Fue una internalización de conceptos: Internet les permitía tomar contacto con lo que habían leído alguna vez en los libros y les hacía sentir la verdadera aldea global.”

El proyecto también movilizó a la comunidad ya que no era habitual ver, por ejemplo, que el correo del pueblo recibiera tantas postales y de diferentes lugares del mundo. Contagió a las familia y provocó que Las Flores tuviera, desde hace poco tiempo, un set de postales oficiales de su ciudad.

Mis conclusiones.

El proyecto de Graciana nos lleva a preguntarnos qué entendemos por innovación en educación. Injustamente la palabra “innovar” se la relaciona exclusivamente con tecnología, con las TICs, como si ese fuera su único campo de acción cuando en realidad su connotación tiene más que ver con nuevas formas de pensar y de hacer, por ejemplo en educación, como este proyecto lo demuestra. Este caso supo apoyarse en los intereses de los alumnos – nuevas tecnologías y redes sociales – para motivarlos a concretar una meta colectiva mientras se relacionaban temas de historia, geografía, matemática, idiomas y cultura. Un proyecto que además rescató del pasado a la postal con el fin de darle vida como transmisor de emociones para un grupo de adolescentes que, en Las Flores, esperaban ansiosos la llegada del cartero con mensajes provenientes de alguna parte del planeta.

“La vuelta al mundo, ¿en cuánto grados?” nos muestra que nuevas ideas para enseñar y aprender son posibles y, especialmente, nos enseña otra forma de relacionarnos con los adolescentes a partir de la construcción de proyectos que se basen en sus intereses.

Cuando la empatía se produce surge un fuerte interés por el conocimiento.
* Impulsor del proyecto “Hagamos algo por la educación”

……

El recorrido del proyecto:

El proyecto se presentó en: 39º Feria Regional de Ciencia y Tecnología, de Roque Pérez: máximo puntaje y Copa Challenger; 42º Feria Provincial en Mar del Plata: puesto 50 de 263. Mención Especial y 16º Olimpiadas Nacionales de Contenidos Educativos en Internet: en competencia. Foro Global de Docentes Innovadores: en competencia.

Foto que acompaña la nota: Graciana Goicoechandia y sus alumnos recibiendo el primer premio de la 39º Feria Regional de Ciencia y Tecnología, de Roque Pérez: máximo puntaje y Copa Challenger
Foto que acompaña la nota: Graciana Goicoechandia y sus alumnos recibiendo el primer premio de la 39º Feria Regional de Ciencia y Tecnología, de Roque Pérez: máximo puntaje y Copa Challenger

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