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La idea de este post es la siguiente: explicar cómo la IA empodera la creatividad humana. Acá va el ejemplo.
¿Qué tan bueno sos dibujando? Un árbol, la casita en el bosque, el invierno, la chimenea con el humo hacia el cielo… Yo no tengo habilidades artísticas para hacer buenos dibujos, ni tampoco para todo lo que deriva de eso: cuadros, ilustraciones, cómics, retratos. Hace muchos años comprendí esas limitaciones, lo que me llevó a desistir de explorar mi creatividad a través de esos medios. De alguna manera, bloqueé esa vía creativa, sabiendo que me resultaba imposible concretar algo moderadamente bueno.
Ser consciente de que ciertas cosas no podemos hacer —dibujar, componer, tocar un instrumento, cantar— es algo que se asume silenciosamente. La frase «eso no es lo mío» se convierte en una muletilla que usamos para presentarnos incompletos ante ciertos desafíos.
Pero asumir esas limitaciones trae consigo otra idea, una que se instala en nuestro inconsciente, silenciosa y peligrosa, y que puede socavar una de las fortalezas más importantes de los seres humanos: la autoestima. ¿Cómo? ¿De qué forma? ¿Cómo nos damos cuenta?
Estas preguntas comienzan a responderse cuando interactuamos con herramientas de IA. Sorprendentemente, nos damos cuenta de que aquellas habilidades artísticas que habíamos enterrado en el pasado ahora pueden renacer de otra manera. Ya no es necesario dibujar lo que imaginamos; solo tenemos que describirlo.
«Ilustración hiperrealista de una casa en un bosque, con su chimenea emitiendo humo, en un día de invierno.»
En el mundo de la IA, esa descripción se llama «prompt». Todo lo que quisiéramos crear, solo tenemos que traducirlo a palabras para obtenerlo. Aquí, la IA se convierte en la herramienta que transforma nuestras limitaciones en posibilidades, empoderando la creatividad que siempre estuvo ahí, esperando ser liberada.
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