Familias, colaboración y “Big Data” para que más adolescentes egresen del secundario

Por Cristián Parodi

(nota publicada originalmente el 23.06.15 y actualizada el 24.11.2017)

Todos coinciden que la baja tasa de egresados de la escuela secundaria es un problema que se acentúa. Los datos señalan que sólo la mitad de los que ingresan a primer año finalizan el ciclo medio. En mis investigaciones, diálogos y, principalmente, a través de las opiniones y experiencias recogidas a través de Hagamos algo por la educación los datos obtenidos muestran que sólo 4 de cada 10 estudiantes terminan a tiempo. La situación es mucho más grave de lo que es.

Los sistemas oficiales de recopilación de datos, que pueden ayudar a explicar éste y otros problemas, no son fáciles de obtener. En mi búsqueda, que comenzó en las escuelas públicas de la Ciudad de Buenos Aires, pude acceder a estadísticas oficiales en forma online que al día de escribir este artículo son del 2013 (“matrícula alumnos escuela pública, formación media”). Esas estadísticas se nutren de la información que las escuelas vuelcan en forma manuscrita en un cuadernillo donde indican cuántos alumnos comienzan y finalizan cada uno de los niveles del colegio – cinco o seis años según sean comerciales o técnicos. El cuadernillo se completa durante el siguiente año de finalizado el ciclo lectivo, a partir de abril, para esperar los resultados de las últimas mesas de exámenes que se toman en marzo.  Todo este procedimiento artesanal explica en parte la demora: casi dos años después de finalizar el ciclo lectivo 2013 podemos acceder hoy a los datos oficiales.

Surge entonces la pregunta obligada: ¿podemos diseñar otras formas de obtener esa información que nos de una radiografía de la escuela secundaria con el fin de resolver a tiempo los problemas que enfrentan sus estudiantes y con el único fin de ayudar a que más adolescentes egresen con título, aprendiendo y aprobado?  

 

Colaboración, Familias y “Big Data”

Para responder la pregunta, analicemos el siguiente caso. El sistema de enseñanza media de la Ciudad de Buenos Aires –  escuelas públicas –   forma anualmente 90.000 alumnos que asisten a 154 escuelas secundarias distribuidas de la siguiente forma (año 2013):

 

Cuando los datos se agrupan por  matrícula y comuna, se obtiene el siguiente cuadro:

 

Ese universo de estudiantes genera alrededor de 11 millones de instancias de evaluación por año (pruebas, TP, exámenes, recuperatorios, etc.). Cada una de esas instancias, además de representar una nota, es un indicador del proceso de aprendizaje de los adolescentes. Nos interesa identificar a tiempo las notas bajas  para proveer apoyos que complementen los esfuerzos que se hacen por su formación, y con el único fin de que más adolescentes pasen de año. Si logramos esa meta, entonces conseguiremos que haya más egresados. 

Para concretar ese desafío necesitamos primero saber cómo les está yendo durante el año,  a través de una base de datos que vaya registrando cada una de esas 11 millones de evaluaciones.  Tecnologías conocidas como “Big Data” tienen la capacidad para identificar recurrencias, relaciones y tendencias en grandes volúmenes de datos. Esto nos permitiría construir un “GPS Educativo” que nos ayudará a identificar a tiempo – es decir antes que finalice cada trimestre –  cuáles son las escuelas que necesitan apoyos para que sus estudiantes aprueben las materias.

 

Las familias como protagonistas 

Necesitamos definir quién o quiénes serán los responsables de actualizar la información, de asumir el compromiso de ingresar todas y cada una de las instancias evaluatorias que atraviesan los estudiantes a lo largo del año.  Aquí entran en juego las familias.

Las familias quieren que a sus hijos les vaya bien en la vida, especialmente que puedan finalizar sus estudios y egresando con el título que los habilite a continuar con su vida post-secundaria: ingresar al mundo del trabajo y/o continuar con sus estudios universitarios.

Por esas y otras  razones las familias quieren sumar sus inteligencias para complementar los esfuerzos que se hacen por la formación de sus hijos. Serán entonces quienes tomen a su cargo la tarea de ingresar en forma anónima los resultados de las diferentes instancias evaluatorias usando una plataforma Web colaborativa, de alcance nacional y través de sus celulares.

Construirán así el GPS Educativo sobre el cual una gran comunidad de redes de apoyo – formada por docentes, egresados, familias, profesionales, ONGs y personas con ganas de ayudar – estarán atentas a identificar dónde se necesitan apoyos para que más adolescentes pasen de año.

 

 

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