Por qué es importante reformar la escuela secundaria

Por Cristián Parodi

El Ministerio de Educación de la Ciudad de Buenos Aires puso en marcha su proyecto de reforma de la escuela secundaria, una iniciativa que propone diferentes herramientas y metodologías que apuntan a la esencia del cambio que se busca: que educar sea también desplegar el potencial de los adolescentes.

¿Qué contexto impulsa la necesidad de esta reforma? Son varias las razones. Por un lado, de cada 10 adolescentes que empiezan primer año sólo 5 logran egresar con título (promedio país). De esos 5 que finalizan, 3 continuarán con su formación universitaria y sólo 1 egresará. Estos datos, que grafican la profunda crisis por la que atraviesa el secundario, explican por qué ingresan tan pocos estudiantes a las universidades, por qué egresan menos y por qué cada vez es más difícil para las organizaciones encontrar colaboradores preparados para formar parte de sus equipos de trabajo.

Por el otro, lo más doloroso del tema, es la emergencia social oculta detrás de esas cifras: casi 500.000 adolescentes se van yendo del secundario imposibilitados de alcanzar una meta que originalmente fue pensada a favor de ellos, para que cuenten con las bases necesarias que los ayude a construir un futuro mejor. ¿Donde estarán? Tal vez la reciente investigación de la UCA pueda darnos alguna pista, para tomar conocimiento que casi el 59% de los chicos de hasta 17 años que viven en nuestro país son pobres.

Un párrafo aparte para resaltar dentro de este contexto de crisis: el impacto que está ocasionando la inteligencia artificial (IA) en el mundo de trabajo que va a requerir una gran capacidad para desaprender y aprender nuevas habilidades para desarrollarnos en un mundo donde tareas realizadas por personas serán conducidas por algoritmos.

Si la reforma del secundario siempre se consideró importante, el masivo abandono (¿expulsión?) de los adolescentes, la grave situación de pobreza que atraviesa la mayoría y el cambio de paradigma del mundo del trabajo nos tiene que llevar a actuar ahora.

En este contexto de urgencia surge la reforma que impulsa el Ministerio de Educación de la Ciudad de Buenos Aires. Toma algunas ideas de la que está implementando la provincia de Rio Negro,  que también fue muy cuestionada al principio pero que poco a poco se está reconociendo como oportuna. Al momento de escribir este post todo lo que se conoce es lo que se informa aquí, es decir poco. De todas maneras, aún desconociendo los detalles del cómo lo harán, el nuevo secundario que se propone es mucho mejor que el actual.

¿Por qué entonces una iniciativa que persigue fines sociales positivos, de inclusión, de desarrollo intelectual y creativo fue tan mal recibido por la comunidad educativa, ocasionando tanta controversia, incluyendo tomas de escuelas como forma de protesta? Básicamente porque fue mal comunicada. El Ministerio se apuró en difundir su proyecto sin haber llevado a cabo un trabajo de diálogo previo con la comunidad para explicarles y fundamentarles las necesidades de tener un secundario diferente al actual, porque es esencialmente un acto de justicia social.

Tampoco se tuvo en cuenta la sensibilidad política del momento en que vivimos. Me refiero a la famosa grieta que nos transformó en una sociedad monocromática en donde sólo podemos ver blancos y negros, que nos lleva a decir – por ejemplo – que palabras como “innovar”, “emprender” y “mundo del trabajo” son negativas, obligándonos a hacer un esfuerzo diario por recuperar el sentido común explicando que son palabras positivas que hacen esencialmente al desarrollo de las personas y de la comunidad.

Reconocer que se comunicó mal sería un buen primer paso para comunicar bien, apoyándonos en el genuino interés que nos llevó a proponer este cambio.  Tendríamos que empezar por hablarles a las familias, que desean que a sus hijos les vaya bien en la vida, para decirles que queremos lo mismo que ellos, y que tenemos que transformar el secundario para que eso suceda.

Tendríamos que hablarles a los estudiantes para que sepan que esta reforma es a favor de ellos, para que tengan un verdadero espacio en donde puedan desarrollar todo su potencial, colaborativamente con otros estudiantes, y – esencialmente – para que muchos más puedan terminar sus estudios.

Deberíamos hablarles a los adultos que tienen a su cargo la formación de los estudiantes para decirles que necesitamos de su guía y compromiso para que el plan funcione, que como comunidad estamos obligados a dar el salto a otro formato de escuela secundaria porque el que tenemos no funciona más (afirmación en donde  todos coincidimos).

¿Cómo podemos asegurarnos que esta reforma funcionará?  Grupos de afinidad trabajando colaborativamente en pos de alcanzar un mismo objetivo son una potente fuerza transformadora. El mejor ámbito para poner en marcha ese esquema de inteligencia colectiva es la escuela. Ahora tenemos un plan, depende de todos nosotros concretarlo.

 

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