Perdimos la carrera tecnológica. Definamos un nuevo rumbo. 

Por Cristián Parodi 

Me gustaría comenzar describiendo dos situaciones que se conectan al final para explicar por qué perdimos la carrera de la formación técnica y por qué tenemos que orientar nuestros esfuerzos en la formación de recursos para las industrias creativas y culturales.

Situación Uno:

“Cada año quedan sin cubrir 5.000 puestos en la industria del software por falta de profesionales, señalan en la Cámara del Software y Servicios Informáticos (CESSI). El sector emplea a 90.000 personas y representa una de las principales exportaciones de valor agregado, con un crecimiento del 10 % anual, pero “la matrícula en carreras de sistemas quedó estancada en 20.000 y se reciben 4.000 por año, cuando la industria requiere el doble”, destaca Santiago Ceria, director Ejecutivo de la Fundación Sadosky.

http://www.cronista.com/3dias/El-otro-deficit-faltan-ingenieros-y-graduados-en-sistemas-20160722-0013.html

Situación Dos:

“Junto a los ministros Esteban Bullrich (Educación y Deportes) y Franciso Cabrera (Producción), presentamos hoy el programa “111 Mil Programadores” que tiene el objetivo de generar en cuatro años 111 mil personas con los conocimientos y destrezas para trabajar en el sector del software. Se trata de un programa de formación -a través de cursos gratuitos- que permite una amplia inserción laboral.

El objetivo del programa es que jóvenes y adultos de todo el país aprendan a programar en un año. Los cursos ya están en marcha y ya doscientas (200) empresas de software y tecnología firmaron un compromiso para incorporar a los egresados del programa.”

http://www.inet.edu.ar/index.php/presentamos-el-programa-111-mil-programadores-en-casa-rosada/

Mi opinión:

Las razones de la falta de recursos preparados para cubrir la demanda insatisfecha de puestos de trabajo para la industria IT hay que buscarlos en la escuela secundaria más que en las universidades. Analicemos algunos datos: los estudiantes que cuentan con la formación que podría impulsarlos a comenzar una licenciatura o ingeniera en sistemas son los que provienen de escuelas secundarias técnicas. Aquí nos encontramos con varias cuestiones a saber: a) la cantidad de escuelas técnicas del país es muy inferior en comparación con el total de escuelas comerciales o bachilleres, esto significa que la matricula de estudiantes es significativamente menor que en las otras dos; b) la deserción y el abandono del secundario también golpea fuertemente en las escuelas técnicas (datos país: sólo 5 de cada 10 adolescentes que comienzan el secundario logran egresar con título); c) alrededor del 50% de los que logran egresar de las escuelas técnicas eligen continuar carreras universitarias técnicas (datos de INET, ente gubernamental dependiente del Ministerio de Educación, encargado de definir políticas para la formación técnica profesional)

Tomemos el caso de la Ciudad de Buenos Aires. Hay 154 escuelas secundarias de las cuales 37 son técnicas.  En el año 2015 (últimos datos estadísticos disponibles) la matrícula de alumnos cursando sexto año fue de 3.000.  Curiosamente las estadísticas no indican la cantidad de egresados (sólo muestra la cantidad de alumnos) pero en base a observaciones y consultas a escuelas, podría decir que el 50% logra egresar con título y con el certificado analítico para continuar con sus estudios universitarios. En conclusión, 1.500 adolescentes finalizan formalmente sus estudios técnicos.  De esos la mitad – 750 – seguirán cursando estudios técnicos. Le sumo que las escuelas privadas técnicas no logran compensar esta situación a través de sus egresados (son pocos).

¿Se comprende entonces el origen de la falta de recursos preparados para la industria IT? ¿Cómo se va a abastecer el Plan 111 Mil Programadores? ¿De donde se tomarán los recursos para formarlos?

Supongamos por un momento que todas las ideas y esfuerzos que el Estado ponga en marcha para alcanzar esa meta se logren concretar, que esos 750 (o 1500) adolescentes que egresan del secundario por año se multipliquen en 111.000 en cuatro años, formados todos como programadores.  Pero en cuatro años el mundo del trabajo cambiará radicalmente.

Sistemas basados en inteligencia artificial (IA) que están comenzando a utilizarse en diferentes industrias – logística, periodismo, servicios de auditoria, por mencionar sólo algunas – están provocando uno de los efectos más disruptivos en el mundo del trabajo desde el surgimiento de la revolución industrial. La sustitución de empleos por sofisticados robots se está ampliando a sectores que parecían indemnes hasta hace pocos años.  Por ejemplo, artículos periodísticos describiendo pronósticos económicos de empresas son elaborados por sistemas de IA a partir de la lectura e interpretación de datos numéricos, situación que pone en riesgo la tarea que desempeñan personas con una importante formación académica.  Por el lado del transporte,  grandes camiones de carga están siendo conducidos por sistemas de IA en forma totalmente autónoma. Se considera que será esta industria la primera en comprobar el impacto negativo que provocará sobre millones de empleos en el mundo desarrollado.

Sistemas de IA están diseñando nuevos sistemas de IA. ¿Cuánto tiempo pasará hasta que estén en condiciones de escribir programas (software) o diseñar páginas Web? ¿Cuál será el impacto en el mercado laboral de IT al provocar la pérdida de puestos de trabajo altamente calificados?   (ver DeepCoder, la inteligencia artificial de Microsoft que crea programas“)

Surge entonces la pregunta obligada: ¿Tiene sentido orientar exclusivamente todo el esfuerzo que se necesita para formar a 111.000 personas como programadores sabiendo que, a) no tenemos los recursos necesarios para formar y b) sistemas basados en IA provocarán profundos cambios en la industria de IT ocasionando perdías en puestos de trabajo?

Por lo anterior, deberíamos también diseñar programas de formación masivos para las industrias Culturales y Creativas, es decir todo lo relacionado con la producción de contenidos creativos: artes escénicas, audiovisual, diseño, editorial, música y videojuegos. Estas áreas sí habilitan a todos los estudiantes de las escuelas secundarias – comercial, bachiller y técnicas – una población de  más de 3 millones de adolescentes.  El plan se podría llamar “111 Mil Creativos” y empujaría notablemente una industria que entrega un tipo de producto que no podrá ser sustituido por sistemas de IA: emociones, una nueva vitamina que el mundo desarrollado necesitará para poder afrontar los cambios en marcha y que no se sabe cómo terminarán. Y lo más importante: podremos darle nuevas posibilidades de desarrollo a cientos de miles de adolescentes que año tras año se quedan fuera del secundario sin posibilidades de desarrollar su futuro ni el de su comunidad.

 

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s