Por qué empresas y organizaciones deben involucrarse en la enseñanza media

Por Cristián Parodi*

Antes de dar respuesta a esa pregunta, quisiera describir brevemente mi historia profesional para poner el tema en contexto.

A los 23 años inicié un emprendimiento para diseñar software, con una PC como único capital de trabajo. En el mundo de la economía se dice que la “tasa de sobre vida” de un emprendimiento es del 30%, en países desarrollados. Es decir, de cada 10 emprendimientos que comienzan sólo 3 logran sobrevivir a los primeros dos años. En el caso de Argentina, por mi experiencia, podría decir que ese número baja al 10%. Tuve la suerte de estar dentro de ese 10%. Durante los siguientes 23 años logré expandir ese emprendimiento hasta transformarlo en una PYME en la que llegaron a trabajar 70 personas. No es para nada fácil coordinar todos los esfuerzos que se necesitan para llevar adelante una PYME, mantenerla y hacerla crecer en un contexto tan volátil como lo demuestra nuestra tradición e historia económica.

Uno de los temas recurrentes a los que nos enfrentábamos era la dificultad de conseguir personas capacitadas para el o los roles que necesitábamos incorporar. Esta dificultad no era sólo de nuestra PYME, también lo era de grandes empresas y organizaciones que – por la dinámica de la oferta y de la demanda – buscan esos mismos recursos en PYMES. Es decir que el problema se acentuaba ya que, por un lado, perdíamos recursos que se iban a trabajar a grandes empresas y, por el otro, no encontrábamos los reemplazos.

Simultáneamente con toda esa dinámica relacionada con la gestión, comencé a interesarme en cómo podíamos ayudar a las escuelas secundarias del barrio en donde estábamos instalados. Me pude reunir con varios rectores para conocer y preguntarles cómo podíamos ayudarlos, no sólo donándoles equipamiento sino – especialmente – para complementar sus esfuerzos por la enseñanza de los adolescentes.

Allí es donde tomé contacto por primera vez con la cruda realidad de la escuela media, con el abandono que la acompaña y con la abrumadora sensación de no-futuro que tenía (y tiene) instalada. Al cabo de un año decidí que quería concentrar mis esfuerzos en hacer algo por la educación, y así nació mi proyecto educativo. No perdí el contacto con el mundo de las organizaciones, PYMES y empresas ya que re-orienté mis esfuerzos profesionales para conectarlas con otro mundo, el de las escuelas secundarias, diseñando proyectos de RSE (responsabilidad social empresarial) a través de los cuales pudieran provocar cambios de mejora en la enseñanza media.

Toda esta introducción para responder la pregunta del título de este post.

En estos días tuve la oportunidad de participar de una mesa de debate y reflexión sobre el mundo del trabajo. Allí se reunieron gerentes de grandes empresas, decanos de universidades, sector público y quien escribe. El tema recurrente fue la dificultad en conseguir personas capacitadas para los roles que se necesitan incorporar. Se marcó la necesidad que las facultades puedan diseñar carreras más cortas (actualmente una carrera de ingeniera o de sistemas dura 5 años). Por su parte las universidades, que acuerdan con ese pedido, comentan que muchos de sus alumnos no terminan sus estudios porque las empresas los toman en sus primeros años, interrumpiendo en muchos de ellos la formación. “Necesitamos más egresados de la universidad”, “las carreras tienen que ser más cortas”, “nos faltan recursos”, “nos quitamos recursos entre nosotros”, fueron frases que marcaron los temas y las preocupaciones.

En todo ese debate hubo un gran ausente: la escuela secundaria. Por suerte pude hacer mi aporte.

El mundo de las empresas está conectado con el de las universidades, existe una cultura de complementaciones entre ambas y está afianzada. No sucede lo mismo con la escuela secundaria y, le sumo, hay un gran desconocimiento de ese mundo en particular. Por ejemplo, se desconoce la baja tasa de egresados que tiene el secundario. A nivel país, y dependiendo de las estadísticas que se tomen, de cada 10 adolescentes que empiezan primer año sólo 5 terminan en tiempo y forma sus estudios. Hay regiones en que esos números son más bajos. En las escuelas que mencioné anteriormente, situadas en Capital Federal, el promedio era del 30%. Por otro lado, los que dejan el secundario, se estiman en 500.000 cada año. ¿Es poco, es mucho, es un “promedio normal?. Es un montón. Pongámoslo en perspectiva: la matricula de alumnos del secundario en la Capital Federal, escuelas públicas más privadas, es de 200.000. Por otro lado, la matricula de todas las escuelas secundarias técnicas de Argentina es de 400.000. Termino con esta cifra: la cantidad de adolescentes con edades de ir al secundario es de 3.500.000 (según el último censo nacional). Comparen los 500.000 que se van del sistema contra cualquiera de esos números. Es abrumador.

Pensemos ahora en la producción del capital intelectual de un país representada por la siguiente ecuación: escuela primaria + escuela secundaria + universidad. Ese capital intelectual, le sumo, es el que necesita cualquier nación para poder funcionar, para poder darle oportunidades de desarrollo a la sociedad, para planificar futuro, trabajo, crecimiento. Son tres componentes, y los tres deberían funcionar al 100%. La universidad está recibiendo cada vez menos alumnos porque la enseñanza media está colapsada, razón por la cual hay cada vez menos recursos capacitados y formados para incorporar al mundo del trabajo. Es la crisis de la escuela secundaria la que explica las razones de la falta de personas capacitadas. Vuelvan a mirar la ecuación de la formación de capital intelectual: la variable del medio, la enseñanza media, está rota.

En mi opinión tenemos que comenzar a articular urgentemente el mundo del trabajo con la escuela secundaria. Las organizaciones deberán comenzar a destinar recursos y proyectos para involucrarse a resolver el problema. Tienen que poder complementar los esfuerzos que se hacen por la formación de los adolescentes con nuevas ideas. ¿Cuáles? Acá dejo algunas:

Conectando la empresa con la escuela

Se que muchas personas del sistema educativo no estén de acuerdo en relacionar escuela y empresa, piensan que es como mezclar agua y aceite. Yo opino lo contrario, hasta diría que es indispensable que lo hagamos porque en definitiva lo que está en juego no es solamente el mundo del trabajo, son esencialmente esos 500.000 adolescentes que están quedando fuera del sistema. ¿A dónde van? ¿Qué están haciendo?.

El sistema educativo no cuenta con la agilidad necesaria para solucionar este problema. Necesita que nosotros como comunidad despleguemos nuestra inteligencia, apoyos y recursos para involucrarnos en revertir esa cifra, para que los adolescentes permanezcan en las escuelas adquiriendo conocimientos y desarrollando su potencial. La escuela media es el eslabón clave en la formación del capital intelectual que un país y sus habitantes necesitan para poder desarrollarse, para crear futuro. También dependen de nosotros que eso suceda.

*Impulsor de Hagamos algo por la Educación 

 

"Hagamos algo por la Educación"

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