Escuelas y Familias. Cambiando Confrontación por Colaboración

Por Cristian Parodi*

El 28 de agosto del 2012 se promulgó la Ley 26.759 de Cooperadoras Escolares para fomentar una mayor participación de las familias en las escuelas.

En su artículo 1º dice “El Estado nacional, las provincias y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires garantizan  la participación de las familias y de la comunidad educativa en las instituciones escolares en general y, en particular, a través de las cooperadoras escolares, como ámbito de participación de las familias en el proyecto educativo institucional, a fin de colaborar en el proceso educativo de los alumnos y alumnas.”

Esta primera afirmación marca la intención de la ley: promover el trabajo colaborativo entre escuelas y familias para co.crear procesos de aprendizaje y enseñanza. Una potente idea para revitalizar la escuela, especialmente la secundaria en donde más del 60% de los adolescentes que empiezan primer año no terminan sus estudios.

¿Cuáles podrían ser entonces iniciativas que impulsen esa cooperación?

La comunidad de padres tiene un genuino interés en sumarse a ese desafío. Conoce los problemas que enfrenta la escuela y sabe que la burocracia del Sistema (educativo) bloquea  propuestas que podrían ser soluciones para resolverlos. Esta ley busca quitar esas ataduras para que prevalezca la colaboración y cooperación entre escuelas y familias en lugar de la confrontación.  “El otro no es el problema sino parte de la solución” debería ser el lema que guíe a esa comunidad.

Trabajando en equipo

Esa complementación, por ejemplo, podría tomar forma a través de la organización de clases de apoyo para que los padres ayuden a los que necesiten levantar notas. Un trabajo coordinado con la dirección y los docentes en función del rendimiento escolar de cada alumno. Empatía, interés, cercanía e intención concreta de ayudar para que a todos les vaya bien en el colegio.

Otra articulación de esa complementación sería reemplazar a docentes que por diferentes razones deban ausentarse transitoriamente de su cargo. En este punto sabemos que el problema del ausentismo docente es un tema muy presente en las instituciones escolares siendo una de las principales fuentes de fricción entre escuelas y familias. También sabemos que para el Sistema no es precisamente una problemática sencilla de resolver, sobre todo cuando la formación de nuevos docentes no alcanza para satisfacer las necesidades de las escuelas.

La idea entonces sería reemplazar esa ausencia con la presencia activa de los padres. La palabra “activa” refiere a la acción de desplegar conocimientos para compartirlos con los estudiantes, buscando producir un hecho educativo diferente (los padres también podemos enseñar en el aula). Una idea innovadora para que los chicos no pierdan días de clase, adquieran otros conocimientos y – fundamentalmente – para demostrarle al Sistema que necesitamos sumar nuevos protagonistas con quienes enfrentar los grandes desafíos que tenemos en educación.

“¿Y qué saben los padres”, podría alguien preguntarse para validar o rechazar esta idea. Es una buena pregunta que se responde con la siguiente descripción. Dentro de la comunidad de padres encontraremos contadores, docentes, ingenieros, emprendedores, artistas, empleados, comerciantes, médicos, amas de casa, electricistas, empresarios, jubilados, encargados de edificio, abogados, programadores, deportistas, diseñadores, músicos, plomeros, economistas, psicólogos, periodistas, escritores, taxistas, mecánicos, etc, etc, etc. ¿Por qué no aprovechar esa multiplicidad de saberes y experiencias para complementar los esfuerzos que se hacen en la escuela?. De paso, ¿por qué no sumamos esas inteligencias para revitalizar la enseñanza en el aula?

Volviendo a la ley, el artículo 2º especifica el campo de acción de la colaboración familias-escuelas diciendo que “La implementación de las acciones previstas en la presente ley se regirá por los siguientes principios generales:”

a) Integración de la comunidad educativa.

b) Democratización de la gestión educativa.

c) Mejora de los establecimientos escolares.

d) Fomento de prácticas solidarias y de cooperación.

e) Promoción de la igualdad de trato y oportunidades.

f) Promoción de la inclusión educativa.

g) Defensa de la educación pública.

Sin dudas que todos estaremos a favor de esos siete objetivos. El b) menciona la democratización de la gestión educativa. Desde mi punto de vista debería llamarse “co.gestión de los procesos de enseñanza y aprendizaje”. Es co.gestión porque la escuela y las familias deberían articulan sus inteligencias y recursos para concretar objetivos comunes. Por ejemplo, que niños y adolescentes reciban una mejor educación, no pierdan días de clases y que más jóvenes terminen en tiempo y forma sus estudios secundarios.

¿Por qué no animarnos a hacer algo diferente, inteligente y complementario a lo que hoy se hace en la escuela?

Creo que tenemos mucho por ganar y poco que perder. Innovar también tiene que ver con nuevas formas de pensar y de hacer.

 

 

*Impulsor en “Hagamos algo por la Educación

 

Colaborar en lugar de confrontar
Colaborar en lugar de confrontar

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