Escuela secundaria: ¿Quién abandona a quién? 

Por Cristian Parodi

Sobre deserción escolar nos persiguen crudos datos cuantitativos que ponen en evidencia lo complicado que está el panorama: 500.000 adolescentes dejan sus estudios cada año. ¿Es poco? ¿Es mucho? ¿Es un promedio normal?. Pongamos esa cifra en perspectiva: equivale a más del doble de todos los adolescentes que asisten a escuelas medias, publicas y privadas de Capital Federal. Es decir, 500.000 es muchísimo y la situación es más grave de lo que imaginamos.

La pregunta obligada es por qué dejan. Si nos basamos en las respuestas que nos da el imaginario colectivo, los chicos abandonan el secundario porque no les importa su futuro, son vagos, sus padres no los acompañan, no tienen responsabilidad, no les gusta estudiar y muchas otras frases que escuchamos frecuentemente. Sobre esta tendencia a desvalorizar a los adolescentes, Emilio Tenti Fanfani, un destacado referente en materia pedagógica dijo “Este mito tan negativo y crítico acerca de la juventud de hoy está teniendo efectos devastadores en términos de producción del orden, de autoridad y de interés por el conocimiento.” (leer nota aquí)

¿Esto es realmente así o puede haber otras razones que impulsen la salida anticipada de la escuela?

“Sabés, con los chicos hablamos de que somos inteligentes para hablar de música, para los videojuegos pero somos unos burros en matemáticas”, me confesó un día mi hijo en vísperas a un examen. “No es cierto”, respondí rápidamente. “Ustedes son inteligentes para todo lo que se propongan hacer, tienen el potencial para brillar pero el profesor de matemática todavía no se dio cuenta cómo descubrir y liberar ese potencial”.

Siguiendo con la charla, me comentó que su profesor de historia es muy exigente. No se lo dije por respeto al docente, pero sus exámenes se basan en hojas y hojas sobre definiciones de los temas más variados que hay que memorizar. El resultado de sus pruebas reflejan en realidad la capacidad de memoria que tiene cada alumno más que el conocimiento adquirido. Si fuera ese profesor lo expresaría  frente a la clase de la siguiente manera: “Ud. alumno se ha sacado 10 en memoria y Ud., que no se acordó de nada, tiene un 1”. Insisto: no se evalúa el conocimiento en una materia sino la capacidad en memorizar algo que, dicho sea de paso, se olvida al día siguiente.

Estos casos no son ejemplos aislados y los que hayan pasado por el secundario acordarán que así es la cosa. El problema es que sigue siendo así y, como bien advierte Emilio Tenti Fanfani, muchos adultos están provocando efectos devastadores sobre los adolescentes,  especialmente – agrego – los están empujando a abandonar sus estudios.

Confronto ahora con otra pregunta popular “¿Entonces hay que dejarlos pasar a todos, sin estudiar, nivelar para bajo, transformar a la escuela en una mala institución, dejar de exigir calidad?”. Mi respuesta es: de ninguna manera.

Lo que tenemos que hacer es utilizar estrategias de enseñanza a partir de los intereses de los alumnos. Preguntarle a otra persona cuáles son sus intereses, además de demostrar un genuino interés por la vida del otro, es establecer un puente, una conexión de empatía con quien debo ayudar. Dice Fanfani “para generar el interés en el contenido escolar hay que basarse de alguna manera en los intereses de los chicos”. De eso se trata.

No sirve para nada pedirles que memoricen saberes, no alcanza, es obsoleto y anticuado, máxime en la era de la disrupción digital. Los jóvenes tienen múltiples intereses, variados, ricos en oportunidades. Tienen potencial. Desgraciadamente no todos los adultos que se cruzan en sus caminos piensan lo mismo. Tenemos que repensar la lógica que se da en el aula desde nuevas perspectivas. Si, por ejemplo, toda una división se lleva la materia “A”, ¿únicamente demuestra la falta de interés de los chicos por aprender o, por el contrario, los pocos recursos que despliega el docente por enseñar?

¿Cuál es entonces el verdadero conflicto que surge en el aula que provoca que miles de jóvenes decidan dejar sus estudios?

No queremos inventar nada nuevo: hay cientos de estudios y experiencias que demuestran cómo se impulsa la curiosidad por el conocimiento cuando el que está a cargo de la enseñanza despliega su vocación a partir del interés, gustos, anhelos y deseos de sus alumnos.  Es posible de hacer y es necesario que lo hagamos pronto. Como comunidad tenemos que asumir el problema y comprometernos a que esos 500.000 jóvenes que están próximos a salir del sistema (de la vida) tengan otras oportunidades que les brindemos los adultos, muy especialmente los docentes.

Para terminar: la imagen que acompaña esta nota se promueve en Facebook con la siguiente consigna “Estoy de acuerdo por eso comparto.”   Yo no estoy de acuerdo ya que demuestra la profunda desorientación que tenemos los adultos cuando pensamos en los adolescentes, especialmente cuando tenemos que relacionarnos con ellos para despertar su potencial.

(Si estás de acuerdo con la nota te invito a compartirla)

 

"Campaña" a favor de la escuela de calidad

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