Cómo las empresas de tecnología pueden transformar la educación pública

Por Cristian Parodi

Cuando hablamos del Distrito Tecnológico (DT) se connota la idea de un ecosistema conformado por el sector público, el privado y – próximamente – por las universidades que en forma colaborativa configuran un polo de innovación que motoriza el desarrollo económico de la ciudad y del país. Ese desarrollo también se ve reflejado en Parque Patricios, el barrio que cobija al proyecto. En los últimos años de su centenaria historia ha visto transformar su fisonomía barrial a partir de la edificación de oficinas, radicación de empresas, nuevas sedes gubernamentales y – especialmente – por el movimiento de personas que se trasladan e interactúan diariamente allí. Un movimiento que podemos describir como un potente capital intelectual que despliega su inteligencia en los múltiples roles que se concentran en el DT.

Esa inteligencia colectiva es el insumo principal que hace funcionar al ecosistema. Le da soporte,  forma y, fundamentalmente, expande su alcance más allá de sus fronteras. Dice Google sobre alcance: “Distancia que alcanza la acción o la influencia de una cosa”, una definición que nos invita a pensar sobre cuáles otros potenciales beneficios podrían surgir del DT visto como un nuevo influyente social.

Surgen entonces otras preguntas para proponer: ¿de qué otra forma el barrio podría beneficiarse a partir de esa concentración de saberes que transcurren en su geografía?; ¿cómo extender ese ecosistema para impulsar anhelos que impacten en el desarrollo de su comunidad?

Cuando hablamos de desarrollo comunitario, la educación surge como principal prioridad máxime en un país en donde alrededor de 500.000 adolescentes abandonan sus estudios secundarios cada año. Alcanza la siguiente comparación para poner en perspectiva esa cifra: la matricula total de alumnos de escuelas medias de la Ciudad de Buenos Aires – públicas y privadas – es de aproximadamente 200.000. Es decir que ese medio millón de jóvenes que dejan sus estudios equivale a más del doble de todos los estudiantes de las escuelas medias de Capital Federal.

En Parque Patricios los datos no son muy distintos. Sobre un relevamiento llevado a cabo por el autor de esta nota, la tasa de egresados de las escuelas medias del barrio ronda el 30%. Dicho de otra forma: de cada 100 chicos que ingresan a primer año, sólo 30 egresan del secundario con  titulo.

Nos encontramos entonces con dos realidades que aparentemente circulan por carriles paralelos: capital intelectual y saberes por un lado, y anhelos de una comunidad por concretar su desarrollo por el otro. Ambas funcionan con lógicas distintas, siguen esquemas más o menos burocráticos, son muy o poco ágiles. Sin embargo una de ellas podría transformar a la otra entregándole vitalidad, sentido de pertenencia y la fuerza motivadora que surge cuando genuinamente se buscan alcanzar objetivos comunes.

Innovar tiene que ver fundamentalmente con nuevas formas de pensar y de hacer. Una mirada que el sistema educativo y la comunidad necesitan incorporar en su lógica de funcionamiento y que el DT puede proveerles a partir de sus saberes y de la inteligencia colectiva que sabe articular.

El DT como nuevo influyente social.

Se plantea entonces un primer desafío colectivo: “necesitamos nuevas ideas para aumentar la tasa de egresados en las escuelas secundarias públicas del barrio”. Con esa meta oficializada nos podemos imaginar las primeras propuestas:

  • Establecer un acuerdo de cooperación con el Ministerio de Educación y el DT para trabajar sobre ese objetivo, habilitando los espacios, autorizaciones y esquemas que se necesiten para poner en marcha el proyecto.
  • Trabajar con los directores de escuelas para capacitarlos y acompañarlos en la gestión de talentos (docentes y alumnos) y en la administración de recursos. 
  • Capacitar a los docentes sobre el uso de las TICs en el aula y en nuevas metodologías de enseñanza basadas en proyectos
  • Generar un “GPS Educativo”: una base de datos colaborativa y alimentada por las escuelas que nos ayude a anticipar problemas y planificar soluciones a partir de los datos suministrados (bajas notas, alto ausentismo, mantenimiento edilicio, ideas de proyectos para desarrollar, etc.)
  • Asistir a las escuelas con pasantías para sus alumnos
  • Coordinar encuentros periódicos con los docentes y los directivos para que compartan con el staff de las empresas del DT cómo es la experiencia educativa en sus escuelas.
  • Proveer otros espacios de enseñanza, más allá de las aulas, que sean motivadores para los jóvenes.
  • Capacitar sobre la importancia de la cultura colaborativa, la tolerancia y la cooperación en la comunidad educativa (alumnos, padres y docentes).
  • Revalorizar el rol de la cooperadora escolar
  • Proveer acceso de Internet gratuito a todas las escuelas del barrio.
  • Documentar los éxitos para compartirlos con otras escuelas y/o ayudar en su implementación en otras zonas de Capital o de la Argentina.

Si hay algo que la tecnología nos demostró es el éxito que se consigue cuando la colaboración entre pares es canalizada hacia la concreción de objetivos comunes.  Toda crisis genera oportunidades e impulsa nuevas ideas para resolver viejos problemas. En nuestro caso tenemos por delante el desafío concreto de contribuir para aumentar la tasa de egresados del secundario. Contamos con el respaldo del capital intelectual que conforma el DT y la obligación que nos genera ser parte de la comunidad del barrio.

 

(c) shutterstock

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