Educación y aburrimiento

Por Cristián Parodi

Los desafíos frente a los cuales nos encontramos para intentar mejorar la educación son extensos: deserción escolar, calidad de la enseñanza, desmotivación por aprender y por enseñar, conflictos, estructuras burocráticas, etc., etc., etc. Visto así pareciera ser imposible ponerse a pensar nuevas ideas para mejorarla, que escapen a todas esas trabas y que al mismo tiempo puedan generar un cambio, aunque sea pequeño. ¿Es exclusiva responsabilidad del Estado trabajar sobre esos desafíos? ¿Podría la sociedad aportar nuevas formas de pensar y de hacer en educación a través de su inteligencia colaborativa con el fin de proponer ideas concretas que mejoren el sistema?.

La “foto educativa” seguirá siendo compleja mientras la sigamos observando de la misma forma. Nuestra mirada debería dirigirse a los detalles cotidianos. Allí radican las oportunidades para el cambio. Siguiendo con ese argumento, si nos detenemos en analizar las costumbres y comportamientos que se vienen repitiendo en clase podríamos pensar nuevas estrategias que ayuden a sintonizar con más precisión la relación docentes-alumnos, paso previo y necesario para producir la educación tan buscada.

Existen razones por las que no siempre se da ese requisito de empatía. Algunas son muy extremas y complejas, como la desnutrición infantil, las situaciones de violencia familiar, bullying, que funcionan como barricadas que se interponen al aprendizaje y que requieren de abordajes que pueden no estar bajo nuestra posibilidad de intervención directa. Otras en cambio tienen que ver con costumbres en la forma en que niños, jóvenes y docentes se relacionan en el aula y que podrían cambiarse para que la enseñanza sea más entretenida, en el sentido de despertar interés por aprender.

 

Sobre el aburrimiento de los niños en clase.

El uso de la tecnología por parte de niños y jóvenes es una realidad concreta. Discutirla es como ponerse a reflexionar sobre la importancia de la luz eléctrica en la vida moderna; ambos debates son antiguos. Hoy ellos tienen acceso a tablets, celulares, computadoras, Internet, videos juegos y televisión en el momento y en el lugar que lo deseen. Por supuesto que los padres arbitramos a partir de diferentes estrategias su consumo porque, en algún punto intuimos, que el abuso aquí tampoco es bueno.

Esa dinámica y oferta de los múltiples entretenimientos que reciben funciona además como una “marca de comparación simbólica” que separa lo aburrido de lo interesante. La diversidad de estímulos y propuestas digitales a los que acceden estimulan en ellos una manera pragmática de decidir dónde pondrán su atención y dónde no. Proveniente de múltiples fuentes – TV, Internet, tablets, etc. – tomarán aquello que los atrape y descartarán lo opuesto. “Estímulo, comparación, aceptación o descarte” pareciera ser la lógica que subyace durante los consumos de esos entretenimientos digitales. Se descarta lo aburrido y lo que queda marca el nuevo nivel a comparar. Así el ciclo se repite una y otra vez: estímulo – comparación – aceptación o descarte. Es cotidiano, es natural, es innato.

La escuela por su parte viene trasladando a lo largo de su historia un esquema muy formal de enseñanza preparado para una sociedad que recibía exclusivamente en el aula los estímulos que despertaban su curiosidad por aprender. Era además la más importante fuente de conocimiento y entretenimiento (pensemos cuáles eran las fuentes disponibles hace 30 años atrás). Los niños no ponían en marcha la lógica de la comparación que se mencionó anteriormente simplemente porque no existían otros estímulos; sólo tenían los que generaba la escuela. Yendo hacia atrás en el tiempo, podríamos decir entonces que no había ninguna otra experiencia que superara las expectativas generadas por la escuela en relación a lo interesante, original y nuevo.

Con la llegada de la tecnología todo eso cambió.

Descripto de ese modo podemos decir que estamos observando el choque de dos galaxias representadas por hábitos y costumbres muy distintas entre sí. Por un lado los niños que tienen a su entera disposición nuevas y múltiples fuentes de conocimiento y entretenimiento que los impulsa a actuar de manera disruptiva (múltiples atenciones, simultaneidad de acciones) y a descartar rápidamente lo aburrido. Por otro lado tenemos la escuela tal como la conocemos y que aún no ha logrado reconfigurarse para sacarle provecho al uso de las TICs en clase (lo que se conoce como Tecnología de la Información y de la Comunicación).

Siguiendo con la metáfora, el choque de esas galaxias también puede observarse por las evidencias que deja y que son algunos de los problemas con los que la escuela tiene que lidiar diariamente: falta de interés, conflictos, bajo rendimiento, ausentismo, etc. Esos problemas luego se trasladan a las familias y, finalmente, nos encontramos con que ni los docentes, ni los padres ni los chicos están contentos con el sistema educativo del cual forman parte.

Entonces, volviendo al origen de este ensayo, ¿cuáles podrían ser las nuevas costumbres para incorporar que tengan en cuenta la dinámica que impone la era digital?. Que maestros y alumnos usen diariamente la tecnología en clase para enseñar y aprender.

Su uso tiene que ser planificado para definir objetivos pedagógicos y plataformas que se utilizarán. Existe un océano de ideas y propuestas que se están comenzando a emplear en este aspecto. También es cierto que es un movimiento incipiente y que depende más del interés del docente por llevarla a cabo que de una coordinación planificada desde la escuela.

Por ejemplo, se podría diseñar una actividad para que los alumnos redacten artículos en Wikipedia sobre sus intereses o puntos de vista. De esta forma estarían adquiriendo la costumbre de producir conocimiento colaborativo en redes y, como hecho simbólico, dejando su propia huella en Wikipedia. Una actividad que sería simbólicamente muy potente para la motivación de chicos y maestros. ¡Algo nuevo, distinto, interesante, innovador para hacer en clase!.

Sobran las ideas y actividades para hacer, faltan acciones de coordinación para impulsarlas. Pero sin dudas es una tarea que sí está bajo la posibilidad de intervención directa de la comunidad y de la escuela, que necesitará del apoyo de los padres porque también es necesario un cambio de costumbres en la relación escuela – familias. Entre ellos se necesita una relación de empatía para que trabajen en equipo por el mismo objetivo: nuevas formas de enseñar para mejorar la educación. Es colaboración, es cooperación. Es también un mensaje positivo para sus hijos.

Es también  nuestra responsabilidad como comunidad para hacer algo por la educación del país.

escuela2 - Cristián Parodi

 

 

* Impulsor de “Hagamos algo por la Educación” / Facebook

3 comentarios en “Educación y aburrimiento

  1. Hola Muchas gracias por éste artículo. Soy profesora de Historia y hace unos años vengo intentando innovar en mis clases para provocar interés en los alumnos. Resulta difícil el uso de tecnología en el aula (en especial los celulares) teniendo en cuenta las complicaciones que generan a nivel relacional un ejemplo el bullyng tecnológico. Agradecería más ideas como la que se menciona en el artículo sobre Wikipedia. Otra vez muy agradecida!!!

    • Muchas gracias Marcela. Vas a encontrar más ideas y propuestas en nuestra página en Facebook “Hagamos algo por la educación” . Es interesante pensar actividades puntuales para tu materia, cómo enganchamos a los estudiantes con Historia. Un buen tema para un próximo post !

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